8 de septiembre, “Día de la Sierpe”

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Aún no se apagan los sabores y ecos de la fiesta de la Asunción que recuerda la muerte y elevación al cielo de la Virgen María, cuando el 8 de septiembre se desarrolla la fiesta de la Natividad de la misma, que tiene efecto en el “barrio de Abajo”.

La fiesta es doméstica y exclusivamente organizada y financiada por dicho barrio. Se realiza el novenario de misas y rosarios en la iglesia titular que es llamada “el Santuario”, ubicado al poniente de la población. La fiesta tiene su entrada y paseo del estandarte y se informa que antiguamente se realizaban también “leñaderas”.

El día ocho el pueblo se concentra en el Santuario; como carece de plaza, la gente se apiña frente a la iglesia y en la calle José María Salazar. A falta de “cuadro”, los jóvenes dan vuelta a una manzana de casas.

 

 

El pitero y la música amenizan la noche y todo mundo espera el acto cumbre de esta fiesta, que es la quema de la “sierpe”; se trata de un dragón construido en carrizo y cartón de regular tamaño pues mide siete metros, que se adorna con cohetes y luces. Llegadas las diez de la noche, se sube la sierpe al cerrito de la Cruz que está inmediato a la iglesia. Desde la cima que está a unos 100 metros en línea recta, se tiende una cuerda hasta el frente del santuario. Por ella desciende la sierpe con su fiesta de cohetes y luces mientras “el pitero” ejecuta la melodía propia del acto.

Se trata de un espectáculo fascinante de ver en la negrura de la noche, el descenso fantástico del monstruo que ilumina al arder, el verde intenso de la vegetación del cerro.

El origen de esta tradición según se cuenta, es que en un lugar lejano se estaba sufriendo el azote de esta “sierpe” a la que los lugareños destruyeron invocando la ayuda y protección de la Virgen, pero también tiene relación con la profecía bíblica del Apocalipsis que predice la derrota del mal simbolizado por la serpiente, que dice “una mujer quebrantará tu cabeza”.

Esta fiesta tiene el sabor del pepino y la caña de comer que recién empiezan a cosecharse; también es la ocasión de saborear el “mezcal” que es la penca de la lechuguilla, especie de maguey que se produce en el Ceboruco, la cual se “tatema” y se disfruta masticando la fibra y extrayendo su jugo.

Terminada la quema del mítico dragón, la gente se dispersa satisfecha porque se año estuvo “buena la sierpe”. Ocurre que, siendo días muy lluviosos los de septiembre, en ocasiones no puede quemarse sino hasta que el tiempo lo permite. El peor desastre que puede ocurrir es que se desate la lluvia cuando la “sierpe” esté ya arriba del cerro, porque entonces sí, se echa a perder la fiesta, pues la gente se lamenta: “no sirvió la sierpe”.

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